RELACIÓN ENTRE MESTIZAJE, LIBERALISMO Y CUIDAD EN AMÉRICA LATINA (Ensayo)

Para entender la relación entre Liberalismo, mestizaje y el papel de la cuidad en América Latina, partiré de la noción de dicho Liberalismo como una institución de gobierno político-económica que dejó arraigadas sus raíces desde la independencia de las colonias, y que fue motor principal de las profundas transformaciones que se dieron en los países latinoamericanos.

A partir de la “independencia” de América quedaron instauradas las ideas del Liberalismo importadas de los países europeos del siglo XIX que, a su vez, proclamaron los derechos universales del hombre y del ciudadano, instalándose en las mentes de los entonces colonizados para así empoderarse de una lucha por la independencia, la cual trajo consigo la reivindicación de las muchas identidades, y desencadenó los enfrentamientos políticos que condujeron a las transformaciones de las dinámicas que se vivían tanto en la cuidad como en el campo después de su independencia. Sin embargo, los cambios frecuentes de estas dinámicas sociales no se dieron por su discurso independentista, sino por la llegada de la industria, la cual exigía a las nuevas naciones la continuidad de este modelo de gobierno.

La vida europea se convirtió en ejemplo a seguir; la demanda de productos importados y exportados de buena calidad como bandera de las naciones latinoamericanas, y el establecimiento de bancos extranjeros creó nuevas necesidades y dio paso a relaciones que fueron emergiendo con fuerte arraigo a nivel rural y urbano.

La ciudad fue convirtiéndose en el centro del poder, desde donde se tejieron (y siguen tejiéndose) las relaciones comerciales y financieras. Las zonas rurales pasaron a un segundo plano, sin ser mayor fuente de voto en las decisiones nacionales. Hasta el día de hoy las sociedades capitalistas que siguen el modelo democrático responden al profundo arraigo de una sociedad liberal basada en la industria y la explotación de la población “trabajadora” (comúnmente conocida como “proletaria”)

Se abolió la esclavitud y se les dio ciudadanía a esa “otra sociedad” respondiendo a los ideales de “libertad” nacidos del “viejo continente”, y con esto nacieron la posibilidades de lo que serán hoy las expresiones culturales populares. Pero no como necesidad del pueblo sino como el seguimiento al “pie de la letra” de un modelo democrático que supuestamente garantiza la integración de la población tan diversa en expresiones culturales, pero que finalmente dio fruto a las políticas públicas que piden a gritos la validación de su pueblo como parte fundamental del núcleo social.

Tal formación nacional y republicana, bajo los mencionados ideales que importaron los imperios colonialistas, generó un gran acervo cultural debatido entre dominación y resistencia, cuyo reflejo demográfico germinó en diversidades humanas que hoy se conocen como “mestizaje”. Hago un pare en este punto para aclarar que el término está sometido constantemente a discusiones “intelectuales” que discurren entre definiciones históricas y genealógicas de difícil abordaje por su amplitud. Sin embargo, este ensayo propone hacer un acercamiento al “mestizaje” desde el sincretismo cultural que de él ha surgido para la constitución diversa (invadida de particularidades) de la gran América (aún hoy sometida a ser sub-América por ser tildada de “tercer mundo”). Aquí doy paso al sinfín de manifestaciones culturales y “raciales” – las comillas tienen fuerte énfasis – cuya manifestación responde a orígenes históricos tan remotos y complejos, que empalmarlos con la construcción de la urbe latinoamericana significaría analizarlos de acuerdo con las particularidades arriba mencionadas. Es por esto que el matiz que reflexionaré responderá a la dinámica generada a partir del desplazamiento forzado cuyo influjo cultural (independientemente del efecto devastador que tiene) ha tenido un impacto inimaginado en la Bogotá en la que habito.

Entendiendo la palabra mestizaje como la mezcla de culturas que dan origen a una nueva, la urbe bogotana a tenido fuertes cambios ha nivel cultural debido al gran número de personas que emigran a la cuidad con la idea de progreso, que como antes lo mencioné responde a la noción de poder que se ejerce en la cuidad debido al comercio y la industria, o por el desplazamiento forzado de miles de ciudadanos que por causa del conflicto armado buscan refugiarse de la guerra que viven en sus lugares de origen. Sin ánimo de profundizar en dicho conflicto, nombro a esta reacción de la guerra como una de las fuentes fundamentales la cual a permitido que se tejan relaciones multiculturales provenientes de todo el país.

La creación de políticas públicas para las negritudes, para los indígenas, para la población LGBTI, da cuenta de un modelo liberal, ahora nombrado como democracia la cual debe ser gestor de estas luchas por las diferencias que conducen a formas distintas de entendernos en la cuidad. La relación con el otro, la cantidad de dialectos, las muchas regiones fundidas y entrelazadas en las calles de Bogotá han creado una nueva perspectiva de la ciudad invadida de matices, cargada de historia, de música, de caras, de colores, de figuras que pintan este asfalto citadino, bogotano, latinoamericano.

Mónica Blanco.

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