España en América, América en España… y El Hoy. (Ensayo)

Sobre España (y Portugal) en América se han arrojado ríos, ríos de tinta. No en vano, tratar de hablar del proceso de trescientos años durante el cual se arrasaron civilizaciones para crear nuevas idiosincrasias es una acción tan enjundiosa y procelosa, que cualquier análisis puede quedar superficial, o cuando menos, circunscrito a determinados aspectos que , pueden terminar haciendo buena la expresión “los arboles no dejan ver el bosque”.

América es un bosque, y no solo por sus formidables e incluso increíbles selvas. América era un mosaico bullente de diversas culturas que fueron finalmente Cristianizadas, Hispanizadas y homogeneizadas… aparentemente. “cualquiera que mire una carta marina se da cuenta de las ventajas geográficas de la península ibérica”. Esto es absolutamente cierto: esta es la punta de lanza de Europa. Y… da la “casualidad” histórica que el pueblo mas belicoso y apto para el combate y el descubrimiento no era otro que el español, pobre (ancha es Castilla, si, pero igual es seca y pedregosa), acostumbrado al combate (no por nada en España nace esa asquerosa tradición de la tauromaquia como una forma de sublimar la tradición guerrera), y con ganas de ponerse al día en Europa y en el mundo.

¿Qué cosas nos han dejado nuestros queridos padres peninsulares, que sean palpables hoy? En principio, hay que recordar que se quiso hacer tabula rasa de todo lo existente en estas tierras (tradiciones, religiones, etc.), pero no se conto con el poder de la costumbre. Así que, mal de su grado, los conquistadores y luego colonizadores, tuvieron que hacer ciertas concesiones. Para poder vender al dios cristiano y a la virgen, hubo que enseñar a los nativos que sus dioses no eran los demonios que habían escandalizado a los recién llegados, sino meramente prefiguraciones. Hubo que aceptar que ciertas estructuras sociales (el Ayllu, como mas representativa), con los usos tradicionales, subsistieran. (eso sí, siempre supeditadas a la Encomienda, por ejemplo.)

Uno de los hombres mas enérgicos de la España de los Austria, el Conde-Duque de Olivares, se quejaba de que quizá España seria mas fuerte si tuviera “menos aquel nuevo mundo”. El problema no era ese, Don Gaspar. El problema básico se reduce a que en vez de buscar formas nuevas y digamos, laxas, de poder relacionarse con estas colonias, se trasplantó vivamente todo de la metrópoli. Y cuando hablamos de todo, también hablamos… más bien, hablamos realmente de los males.

Esas son nuestras herencias. Cuando se trata en la fase borbónica de regularizar y mejorar las colonias, ya es tiempo perdido. La burocracia y la ideología de la pureza de sangre han hecho estragos. Y esa ideología perdura. Y la filosofía que ha sido sembrada a fuego en estas tierras, llamada por los mexicanos Malinchismo, termina de configurar una trinidad macabra y desastrosa que signa nuestra “edad media”, según el Bolívar de Gabriel García Márquez. En efecto, podríamos llegar a pensar después de un análisis sobre la independencia, que lo único que querían los Criollos era repartirse la torta ellos solos. Muy revelador es que, al poner frente a frente la “independencia” oficial veintejuliera y la independencia de Cartagena de Indias, vemos que en Santa Fe la revuelta era solo un pretexto para el “quítate tú pa’ ponerme yo”; Los peninsulares no nos dejan a los criollos “bien” gobernar asi que hagamos una revolución diseñada así: que todo cambien para que todo quede igual. Esa es la razón, quizá por la que algunos próceres de ese día de plaza de mercado (Carbonell y otros) son tan ninguneados por la historiografía oficial. En Cartagena, por el contrario, lo que se busca es INDEPENDENCIA, así, en mayúsculas: aquí esto es el Caribe, señores, y no queremos Rey que nos mande. (Lo que da grima es pensar que sólo hasta ahora es que en Cartagena se redescubre la cara republicana, y que aún es pecado mostrar “lo popular” como la identidad verdadera de dicha ciudad).

Trescientos años de dominación. Trescientos años de dar sin cuento oro, plata, palo Brasil, colorantes, achiote, pimienta, chocolate, Zarzaparrilla, y recibir oidores, leyes, damascos, cuchillos de solingen, y baratijas varias. Trescientos años discutiendo si hay que acabar con los indios, esas sabandijas sin dios, ley ni alma, o protegerlos. Trescientos años de ser indianos, de volvernos peruleros. Y de volverlos a ellos pobres mientras más oro entraba. Trescientos años de enfebrecer imaginaciones de porqueros de Extremadura y de sueños eróticos de virreyes. Trescientos años de aprender como enloquecer a los europeos con nuestras desmedidas naturalezas de todos los días.

Pero no solo eso. Son trescientos años de enriquecerles los altares, tanto en oro como en santos, de enriquecerles sus insípidas comidas, de ponerlos a comer papas, a saborear tomates, de intentar fumar, de darles calorías a golpes de chocolate y curarles las fiebres a punta de quina. De colorearles las ropas con el añil, con la cochinilla. De hacerles usar la Ch, combinación mística: chibcha, chunchullo, chavo, chirona, chamo. De aprender de políticas: como trapichear, como rendirnos a lo extranjero (primero ellos, luego lo francés, luego lo Inglés, y hoy día lo norteamericano, que al menos tiene el merito de ser creación de estas tierras… aunque por ello mismo quizá es aún más abyecto). Trescientos años de poner a dormir a España, hasta el luminoso día del 12 de agosto de 1898 en que perdieron la guerra contra los yankees y España tuvo que entrar, le gustara o no, a pensar en por qué ella y su hermana Portugal eran las cenicientas más atrasadas y retrogradas de toda Europa, salvando Serbia, Rusia y algunos países Balcánicos.

Es cierto que quizá este ensayo, corto, no esté muy a tenor con el texto que se nos dio. Pero esta inspirado en el mismo. La lectura de esta América austriaca primero, borbónica después, siempre caótica, digna hija de su madre, hacen encenderse más luces. No todo era hegemonía a rajatabla. No todo era abyección, porque, no en vano los indios del antiguo reino de los Incas, y de otros muchos lados preferían al padrecito el Rey que a estos advenedizos criollos que quien sabe que se traerían entre manos (esto se explica por las relaciones sociales Incaicas, por un lado, y por el otro, porque los indios quizá estuviesen sometidos, pero veían con claridad meridiana que tan rapiñeros podían ser estos nuevos héroes). En pocas palabras, las Américas influyó tan soporíferamente a las Españas, como las Españas tan burocrática y malinchistamente a las Américas.

Así que después de poco mas de quinientos años, es hora de hacer la nueva independencia: la del espíritu. Y no una independencia socialista (Zoocia- Lista?) o Capitalista o lo que sea. Una independencia en la cual pensemos que podemos reformar para hacer un hombre nuevo, americano, que aprenda de sus errores y quizá pueda configurarse en la esperanza para los nuevos milenios, pero sin mamertismos ni explotaciones de ningún tipo.

Este es quizá, tan solo un sueño. Pero si no se puede soñar…

¿Entonces qué queda?

Otro Comentario Corto.

El texto hace un análisis de los trescientos años de la colonia y su manejo tanto comercial y gubernativo, por ejemplo: los austrias tenían una organización más amplia y los borbones lo que hicieron fue reacomodar el territorio para administrarlo mejor creando el virreinato del rio de la plata, entonces es un análisis somero sobre la poco o nada idea de gobierno que tenía España, siempre burrocratizada y anquilosada

Mónica Blanco.

RELACIÓN ENTRE MESTIZAJE, LIBERALISMO Y CUIDAD EN AMÉRICA LATINA (Ensayo)

Para entender la relación entre Liberalismo, mestizaje y el papel de la cuidad en América Latina, partiré de la noción de dicho Liberalismo como una institución de gobierno político-económica que dejó arraigadas sus raíces desde la independencia de las colonias, y que fue motor principal de las profundas transformaciones que se dieron en los países latinoamericanos.

A partir de la “independencia” de América quedaron instauradas las ideas del Liberalismo importadas de los países europeos del siglo XIX que, a su vez, proclamaron los derechos universales del hombre y del ciudadano, instalándose en las mentes de los entonces colonizados para así empoderarse de una lucha por la independencia, la cual trajo consigo la reivindicación de las muchas identidades, y desencadenó los enfrentamientos políticos que condujeron a las transformaciones de las dinámicas que se vivían tanto en la cuidad como en el campo después de su independencia. Sin embargo, los cambios frecuentes de estas dinámicas sociales no se dieron por su discurso independentista, sino por la llegada de la industria, la cual exigía a las nuevas naciones la continuidad de este modelo de gobierno.

La vida europea se convirtió en ejemplo a seguir; la demanda de productos importados y exportados de buena calidad como bandera de las naciones latinoamericanas, y el establecimiento de bancos extranjeros creó nuevas necesidades y dio paso a relaciones que fueron emergiendo con fuerte arraigo a nivel rural y urbano.

La ciudad fue convirtiéndose en el centro del poder, desde donde se tejieron (y siguen tejiéndose) las relaciones comerciales y financieras. Las zonas rurales pasaron a un segundo plano, sin ser mayor fuente de voto en las decisiones nacionales. Hasta el día de hoy las sociedades capitalistas que siguen el modelo democrático responden al profundo arraigo de una sociedad liberal basada en la industria y la explotación de la población “trabajadora” (comúnmente conocida como “proletaria”)

Se abolió la esclavitud y se les dio ciudadanía a esa “otra sociedad” respondiendo a los ideales de “libertad” nacidos del “viejo continente”, y con esto nacieron la posibilidades de lo que serán hoy las expresiones culturales populares. Pero no como necesidad del pueblo sino como el seguimiento al “pie de la letra” de un modelo democrático que supuestamente garantiza la integración de la población tan diversa en expresiones culturales, pero que finalmente dio fruto a las políticas públicas que piden a gritos la validación de su pueblo como parte fundamental del núcleo social.

Tal formación nacional y republicana, bajo los mencionados ideales que importaron los imperios colonialistas, generó un gran acervo cultural debatido entre dominación y resistencia, cuyo reflejo demográfico germinó en diversidades humanas que hoy se conocen como “mestizaje”. Hago un pare en este punto para aclarar que el término está sometido constantemente a discusiones “intelectuales” que discurren entre definiciones históricas y genealógicas de difícil abordaje por su amplitud. Sin embargo, este ensayo propone hacer un acercamiento al “mestizaje” desde el sincretismo cultural que de él ha surgido para la constitución diversa (invadida de particularidades) de la gran América (aún hoy sometida a ser sub-América por ser tildada de “tercer mundo”). Aquí doy paso al sinfín de manifestaciones culturales y “raciales” – las comillas tienen fuerte énfasis – cuya manifestación responde a orígenes históricos tan remotos y complejos, que empalmarlos con la construcción de la urbe latinoamericana significaría analizarlos de acuerdo con las particularidades arriba mencionadas. Es por esto que el matiz que reflexionaré responderá a la dinámica generada a partir del desplazamiento forzado cuyo influjo cultural (independientemente del efecto devastador que tiene) ha tenido un impacto inimaginado en la Bogotá en la que habito.

Entendiendo la palabra mestizaje como la mezcla de culturas que dan origen a una nueva, la urbe bogotana a tenido fuertes cambios ha nivel cultural debido al gran número de personas que emigran a la cuidad con la idea de progreso, que como antes lo mencioné responde a la noción de poder que se ejerce en la cuidad debido al comercio y la industria, o por el desplazamiento forzado de miles de ciudadanos que por causa del conflicto armado buscan refugiarse de la guerra que viven en sus lugares de origen. Sin ánimo de profundizar en dicho conflicto, nombro a esta reacción de la guerra como una de las fuentes fundamentales la cual a permitido que se tejan relaciones multiculturales provenientes de todo el país.

La creación de políticas públicas para las negritudes, para los indígenas, para la población LGBTI, da cuenta de un modelo liberal, ahora nombrado como democracia la cual debe ser gestor de estas luchas por las diferencias que conducen a formas distintas de entendernos en la cuidad. La relación con el otro, la cantidad de dialectos, las muchas regiones fundidas y entrelazadas en las calles de Bogotá han creado una nueva perspectiva de la ciudad invadida de matices, cargada de historia, de música, de caras, de colores, de figuras que pintan este asfalto citadino, bogotano, latinoamericano.

Mónica Blanco.